Muchas veces me he preguntado cómo sería la experiencia de viajar al extranjero para hacerme un tratamiento médico de cirugía plástica o medicina cosmética, quién me pondría las manos encima en quirófano, cuál sería el resultado, quién se daría cuenta cuando regresara a casa de que esta nariz no es mía o el labio superior ha crecido dos milímetros. Me he preguntado quién vendría a buscarme a un aeropuerto en el que nadie habla mi idioma, qué me dirían en el transfer al hotel, qué comida me servirían tras la intervención y si podría tomar el sol con las carnes aún violáceas a causa de una reciente liposucción. Me he preguntado quién sería el/la elegido/a, el/la valiente, mi acompañante de noches dolorosas en una habitación desconocida, quien llamaría al doctor para avisarle que me quitado el vendaje del pecho y los puntos están bien. Me he preguntado cuánto me costaría el vuelo hasta ese lugar, el alojamiento, los desplazamientos, el pre-operatorio, el tratamiento, el post-operatorio, las medicinas.
Pero sobre todo me he preguntado: ¿SERÍAS CAPAZ DE TAL COSA?
Hace poco leí en un periódico británico (The Liverpool Echo – Merseyside woman gets new boobs on Gran Canaria surgery holiday) el caso de Emma Gallagher, una joven británica que viajó a Gran Canaria por este motivo. Su ilusión había sido tener un par de tallas más de pecho, y cuando su novio George le pidió que se casara con él, Emma no se lo pensó dos veces. Supongo que se dijo a sí misma: “¡esta es mi oportunidad, ahora o nunca!“. Y con unas ansias locas de lucir un precioso palabra de honor el día de su boda, contactó con una agencia de viajes especializada en turismo médico en el Reino Unido, seleccionó un destino paradisíaco y cogió un avión.
Después de lo que parece ser una fantástica semana de vacaciones en el sur de Gran Canaria con su futuro marido y su hijo de 8 años, y tras una completa visita al doctor, Emma ingresó en el Hospital San Roque Maspalomas (centro situado a tan solo 10 minutos en coche desde su hotel). Seis horas después de su ingreso fue atendida por un prestigioso doctor en una intervención que duró menos de 50 minutos.
Es fácil intuir cuál fue la primera frase de Emma cuando se vio el pecho al despertar. Yo personalmente habría exclamado alguna barbaridad del tipo “¡ay dios! ¿todo esto es mío?” y me habría llevado las manos a la cara para echarme a llorar (aún no sé si de alegría, tristeza, desesperación o éxtasis).
El caso es que Emma, cinco días después de la operación, volvió a Inglaterra con un par de nuevas anécdotas que contar a su familia, amigos y… ¡pueblo! Sí, Emma se atrevió a detallar pública y felizmente su caso particular a un periódico local y en pocos días se formó un revuelo en UK sobre este tema. ¿Una cirugía en el extranjero que ha acabado bien? ¡Qué me dices!
Y es que en el Reino Unido últimamente están saliendo unas historias de auténtico terror en referencia al turismo médico en el extranjero. Casos terribles recorren las portadas de los periódicos nacionales cada día, historias llenas de verdades y mentiras: “el botox que me inyectaron en Malasia me causó una reacción alérgica y ahora parezco la niña Medeiros”, “el cirujano que me operó de la cadera en la India y todo su equipo de doctores y enfermeros andaban descalzos y sin guantes en el quirófano”, “se me han caído trágicamente todos los implantes que me puse en Hungría”, “tras la blefaroplastia en Brasil no puedo cerrar los ojos”, “olvidaron un cachorro de hámster en mi pecho izquierdo al cerrarme tras una intervención mamaria en Malta”.
Pero el programa “Brand New You” ha dejado también casos interesantes como el de Susan que no deben pasar desapercibidos. Susan viajó hasta Los Ángeles para sufrir un EXTREME MAKEOVER retocándose lo irretocable con la finalidad de sentirse bien consigo misma y con su cuerpo, ya que a sus 45 años “había perdido todo indicio de feminidad“.
Tengo 24 años, mido 1,75cm, peso 69k, voy al gimnasio cuando me cuadra, me maquillo todos los días, odio la cera de depilar, no me gusta mi nariz, tengo chichas y se me empiezan a caer los brazos. Me costaría enfrentarme a una cirugía en mi ciudad, pero más me costaría viajar a miles de kilómetros para cambiar mi cuerpo y luego regresar diciendo que “las vacaciones me sentaron de maravilla“.
Pero ole con la gente a la que la cirugía plástica en el extranjero le cambia positivamente la vida!
